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Entrevista a Michael Carroll: “Cada dato de nuestra vida es recolectado, analizado y compartido por las multinacionales" @enterforum
21 de septiembre de 2014
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image011 Hace cuatro años estuvo en Barcelona Lawrence Lessig, creador de las licencias Creative Commons, y tuve la oportunidad de entrevistarlo. Conversamos sobre los derechos de autor en Internet y sobre la evolución la Red.
En esta ocasión, la entrevista es con Michael Carroll, otro de los miembros fundadores de Creative Commons, junto con Lessig. Es profesor de Derecho en la Universidad de Washington y director del Program on Information Justice and Intellectual Property.
Carroll pasó por Barcelona a mediados de junio, como ponente principal del Enter Forum, un encuentro dedicado a reflexionar sobre la privacidad en Internet.
Él y Geert Lovink el director del Institute of Network Cultures– compartieron escenario los mismos días.
A Michael Carroll le pregunto por cómo ha cambiado el concepto del copyright, pero también hablamos del Big Data y de la recolección de información ciudadana que multinacionales y gobiernos almacenan. Y, cómo no, aparece la NSA y el caso Snowden de nuevo.
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¿Pasados estos 12 años, ha cambiado el concepto del ‘copyright’?
No sé si ha cambiado el concepto, la atmósfera y las actitudes sí. A principios del siglo XXI, apareció Napster, el negocio musical fue transformado con toda el ‘Peer to peer’ (compartir entre iguales). Entonces, había mucha retórica sobre el copyright, la piratería, la falta de respeto por el contenido original, etc. Creative Commons surgió en ese contexto y propuso algo nuevo para la gente que quería compartir de una manera legal en Internet. El Copyright no se basa únicamente en controlar quién accede a un contenido, sino también en permitir su uso. Nosotros creíamos que si había una forma sencilla de compartir contenidos a través de la Red, la gente lo usaría. Pero no sabíamos cuánta gente lo utilizaría, ni para qué usos. Simplemente, como abogados pensamos que debíamos crear un método sencillo y ver qué ocurre.IMG_20140617_162541
¿Y se sorprendieron por la cantidad de usuarios que empezaron a utilizar las Creative Commons?
Mucho. El primer año tuvimos un millón de usuarios, el segundo cinco millones, el siguiente doce y algo ocurrió, porque explotó. ¡Llegamos hasta los 100 millones de usuarios en poco tiempo!
¡Eso es muchísima gente! ¿Cuántas licencias se han descargado hasta hoy?
500 millones de licencias. Lo que medimos son los enlaces que van a parar a uno de los iconos de CC. Exactamente, no podemos saber qué significa esta cantidad. Pero sólo en Flickr, tenemos colocadas 200 millones de licencias para las fotografías.
Ha hablado antes de Napster. En su momento, fue ¡el ‘demonio’! Pero del ‘Peer to peer’ han surgido modelos de negocio interesantes, como Spotify o Itunes. ¿Qué opinión tiene de esta evolución?
Napster empujó hacia un nuevo modelo de negocio. Hubiera ocurrido igual., algo más tarde quizás. Sin embargo, Steve Jobs tuvo el camino más fácil a partir del ‘peer to peer’. Era muy buen vendedor y fue el momento de decirles a las discográficas que se fiaran de su plataforma tecnológica, Itunes, para asegurar una venta legal de la música.
Usted pasó por el Enter Forum para hablar de las leyes en Internet. ¿Es posible que las leyes del mundo analógico puedan coexistir con las del mundo virtual?
Depende de lo que consideres una ley digital. Por ejemplo, a mediados de los años 90, los proveedores de Internet temían ser responsables de los actos de los usuarios que infringieran los derechos del copyright. Por ello, en 1998 en EEUU– y unos años más tarde en la Unión Europea– se redactó una ley analógica para proteger a los Proveedores de Servicios de Internet. Eso es lo que considero una ley digital porque es especial para la Red. Otro punto conflictivo es lo que conocemos con el término ‘exhausting’, que no significa estar cansado, sino el derecho de controlar lo que ocurre con una determinada copia u obra. Si te vendo un libro, puedes revenderlo a una librería de segunda mano. Pero si te vendo un fichero digital, no puedes revenderlo porque el derecho está diseñado a partir de una ley analógica. Así que por razones técnicas, no tenemos tiendas de segunda mano de ficheros digitales. Cuando compras una canción en Itunes, no la puedes revender, porque el servicio esta sujeto a las leyes analógicas. Tecnológicamente se puede pero se deberían cambiar la ley. Esos serían dos ejemplos donde las leyes se han de cambiar para adaptarse al contexto de Internet.

Interesantes apreciaciones. ¿Y qué ocurre con la Neutralidad de la Red? Los proveedores de contenidos como Google aprietan por un lado; las operadoras de telecomunicaciones, por el otro. Los usuarios no quieren perder su libertad… ¿Quién ganará la batalla?
El tema es muy importante porque la interactividad es parte de la existencia de Internet. Pero todo apunta que vamos hacia el control del acceso del contenido audiovisual, en tiempo real. Las cadenas de televisión por cable o las compañías de telecomunicaciones pretenden controlar la experiencia de los usuarios limitando el acceso a los contenidos. La neutralidad quiere evitar el abuso de este poder. Éste es el problema.
Los entramados accesos a Internet
Puesto que la Red no tiene fronteras…¿sería posible una regulación global?
Bueno, estaría muy bien que Internet no tuviera fronteras, pero no es cierto. China tiene lo que se llama un ‘cortafuegos’ que restringe el acceso a Internet. En Estados Unidos existe un servicio de música llamado Pandora, adorado por los norteamericanos, que pagando una mínima cantidad te permite acceder a música restringida para Europa. Puesto que tenemos otra regulación del copyright diferente a la vuestra, no podéis disfrutar de Pandora. Es la misma Internet pero por territorios. ¿Hay fronteras o no?
A finales de los 90 parecía que íbamos a tener una Internet totalmente abierta pero no es así…
Una de las cosas más revolucionarias de la Red es que no importa quién eres, ni dónde vives, que puedes interactuar en tiempo real. La tecnología es la misma para todos. Es el momento de una globalización unificada pero se nos está escapando de las manos, porque separamos Internet por geografías, compañías, y plataformas. Facebook no es ‘open source’, tienes que acceder a un mundo cerrado. La idea de tener una regulación global para la neutralidad u otros asuntos de la Red todavía está muy lejos. Quizás en el futuro.
¿Qué se ha hecho de aquella ‘Internet2’ elitista y cerrada que empezó como un consorcio hará ya 15 años?
Por lo que sé, está funcionando actualmente. Es cerrada y su uso primordial es para comunicarse entre el mundo científico, donde se transfieren grandes datasets de información. Difícil de acceder. Pero es mucho más limitada y menos útil de lo que se había propuesto a finales de los años 90.
Una vigilancia permanente
Sigamos con el repaso de la Internet actual. Las compañías nos envían mensajes publicitarios al buzón de correos, al móvil o al blog. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Demasiado tarde para impedirlo?
Tenemos que estar más alertas. Los primeros años de Internet fueron muy emocionantes: teníamos una sensación de libertad, de posibilidades, todo estaba por crear, por inventar. Pero hay que estar pendientes de lo que ocurre con la tecnología que tenemos en nuestras manos, de quién depende, qué compañía me concede los servicios que utilizo y a cambio de qué. Es maravilloso realizar y disponer, en tiempo real, de todas las prestaciones que necesito. Pero estas multinacionales recolectan masivas cantidades de datos procedentes de nuestras reacciones, de nuestra experiencia en la Red.
Hace dos décadas, el nuevo usuario de Internet aprendía a utilizar el correo electrónico. Ahora ha de proteger sus datos…
Es complicado, pero sí. No estoy en Facebook por varias razones, pero una de ellas es por su modelo de negocio. No quería caer en la trampa que me proponían. A la gente joven, no estar en Facebook, les supone problemas en su vida social, porque se pierden fiestas o comentarios de sus amistades. Creo que no nos queda otro remedio que asumir lo peor: que cada dato es coleccionado, analizado, compartido para el beneficio de estas empresas. Sin embargo, estas compañías también han entendido que no se pueden pasar con los usuarios porque el precio a pagar por una mala reputación es muy alto.
¿Tienes que asumirlo y vivir sabiendolo?
Exacto. Creo que es lo que hace la mayoría de gente. Asume que no es suficientemente interesante para que se fijen en él o ella, que son una ínfima parte de los datos que navegan en un océano y que ellos son pequeños peces. Así… ¿qué? ¿Qué importancia tiene que manejen tu información? El poder que tienen estas empresas es enorme. Pueden llegar a saber cuándo va a empezar una guerra, antes que los gobiernos. Si te paras a pensar, están más cerca de las masas que ningún político y pueden saber lo que realmente ocurre.
Usted tendría una buena conversación al respecto con Evgeny Morozov, el autor de libros como ‘To Save everything, click here’. Quizás no estarían totalmente de acuerdo en algunos aspectos.
Sí, lo conozco y sé que está en contra de estas multinacionales. Mi opinión es que soportan mayores restriccioimgresnes de las que él menciona. De acuerdo en que tienen una enorme influencia en nuestras vidas pero si no son suficientemente conscientes de lo que hacen con los usuarios, son vulnerables. La nube actualmente permite escalar una empresa a una velocidad enorme. El próximo Amazon crecerá mucho más rápido y captará usuarios más aceleradamente que el actual. Lo mismo ocurrirá con el próximo Facebook. Y Google no es perfecto, seguro que hay ingenieros capaces de crear un buscador mejor. Google lo sabe, sabe que están constantemente en riesgo.
¿Está insinuando que en unos años este ‘imperio’ de multinacionales desaparecerá?
No sé a qué velocidad ocurrirá esto, pero es obvio. Tim Wu, profesor de la Universidad de Columbia, tiene un libro titulado: “The Master Switch. The Rise and Fall of Information Empires” que explica cómo gracias a las compañías de telecomunicaciones han crecido aceleradamente todas estas multinacionales. Él cree– y yo estoy de acuerdo– que estamos en un período de consolidación y que las autoridades de la competencia necesitan ser más asertivos con el poder de estas multinacionales. Esto no quiere decir que debamos destruirlas sino estar más encima de ellas, vigilarlas de cerca, limitar ciertas actividades y la Neutralidad de la Red es un buen ejemplo.
El gran negocio del ‘Big Data’
Todavía no tenemos un modelo de negocio rentable para los contenidos en la Red pero el ‘Big Data’ ya está aquí, con todo lo que ello supone…
De nuevo, insisto en la protección de nosotros mismos. La mayoría de veces clicamos ‘Estoy de acuerdo’ sin haber leído bien las cláusulas en las que aceptamos reutilizar nuestros datos. La mayoría de datos se utilizan para hacer análisis agregado y no es muy personal.
¿En qué consiste?
Para marcar tendencias o medias, como los Trending Topics de Twitter. Ya es demasiado tarde para evitar que nuestros perfiles no estén accesibles a quién pague por ellos. Asusta ¿verdad? No sólo están enlazados a empresas que estudian comportamientos sociales sino también a gobiernos y otras bases de datos asociadas con tus hábitos de compra.
¿Lo asumimos y ya está?
Me temo que sí. No debemos ser ‘naïfs’ hablando del ‘Big Data’ y pensar que podemos parar el tren. Una regulación adecuada será la que se base en estos datos. Pero todavía se desconocen las implicaciones reales del Big Data, hay mucho ruido que no lleva a ningún lado. No todo lo que se recolecta es preciso y reutilizable.

Edward Snowden (Imagen: Wikipedia)


No me consuela mucho su respuesta. La publicidad del supermercado o de la compañía de vuelos la recibo sólo si doy mi información personal. Pero en la Red, estas compañías cogen mis datos sin más…
Si quieres estar fuera de este sistema hay plataformas como el navegador TOR y tecnología para permanecer oculta. Pero aún sabiéndolo, la mayoría de gente no lo hace porque tienes que aceptar una lentitud en la navegación o ser consecuente con los inconvenientes de no estar conectado al resto del mundo de la manera usual. Sería ideal que los consumidores pudiéramos decidir en qué momento permitimos o no que sigan nuestra pista. Además, estas compañías controlan lo que hacemos, no lo que decimos.
Según Geert Lovink, después de Snowden ya no nos queda vida privada. La vigilancia de la National  Security Agency (NSA) ha indignado a millones de personas.
Me sorprendió la dimensión del caso, pero no el hecho de que la NSA hiciera dicha vigilancia. Siempre asumo que hay una cierta vigilancia…. Hubo muchos problemas con lo que hizo la NSA pero las circunstancias… Quiero decir que para espiar las conversaciones telefónicas de un individuo, se puede hacer de manera particular. Pero en Internet tienes que capturar grandes cantidades de datos para analizarlo… El caso Snowden marca una actitud sobre la captura de datos que ha de cambiar. El Congreso de los Estados Unidos tendrá que hacer alguna reforma en la legislación para equilibrar lo ocurrido. Pero como dije antes, pensar que la recolección de datos, por parte de gobiernos o multinacionales, parará algún día es ser un poco naïf.
De acuerdo, es naïf pensar que nadie nos vigila, pero el caso Snowden ha ido demasiado lejos, ¿no cree?
Correcto. Claramente fue una violación de la ley. Antes hablábamos sobre las redes analógicas y las digitales. Mucho de lo que la NSA hizo corresponde a las leyes de la Guerra Fría. El daño causado en las relaciones diplomáticas, particularmente cuando se ha espiado los teléfonos móviles de líderes internacionales, no se calculó antes de actuar. Pero el gobierno de los Estados Unidos no es el único que hace vigilancia online. Hay muchos otros gobiernos, incluyendo europeos, que recolectan datos. Quizás no con las dimensiones del caso Snowden, pero no es el único del mundo.

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